miércoles, 26 de febrero de 2014

Buenas noches.

Me gustaria ir a dormir
con este buen sabor de boca
más a menudo.

Literalmente.

Un viaje a diario
con destino entre tus piernas.

Una reacción divina
sin mediar una palabra,
y la boca repleta de ellas.

Sílabas concentradas
en el diamante en bruto
de lo frágil de tu cuerpo.
 

Creí verte serpiente 
cuando te desgarrabas las caderas.

Podría resumirlo mejor: 
tus ojos en blanco y mi lengua en el blanco.

lunes, 13 de enero de 2014

Intento de historia feliz. Nº 1.



Intentaré realizar la pirueta con la mayor elegancia posible. Haré un salto mortal con triple vuelta, de espaldas a la tristeza, no sé si me entendéis.


Podría empezar resaltando cada uno de esos diminutos detalles. Describir, por ejemplo, los dibujos que se reflejan junto a su boca cuando sonríe, el número de giros que debes realizar si paseas por su pelo, el volumen de lágrimas que retiene en un llanto o el gesto que pone frente a un espejo justo antes de dar un portazo y salir a devorar el mundo.


Quizá, en un arrebato de soledad, os contaría la historia del paisaje que existe entre sus hombros, la altura de las colinas de su pecho, o el diámetro de cintura que envuelve sus cuarenta y pocos kilos. No sabría explicaros la desembocadura de su ombligo en el triángulo de las bermudas de su cuerpo y de cómo le quedan esos pantalones vaqueros.


Si llegamos a éste punto, descenderíamos por el trampolín que se enreda como una telaraña hacia el reino del hielo con el que toca tierra. Quería decir: No creo que exista absolutamente nada mejor que el tacto de sus pies fríos en invierno.


Podría componer la partitura de su risa, medir la luminosidad que desprende cuando te mira o incluso calcular la frecuencia con la que toma y expulsa el aire.


Eso de lo fácil que resulta perderse en el laberinto de sus besos.


Pero yo,

solo sé escribir historias tristes.

martes, 7 de enero de 2014

Historia de un violinista desafinando en un tejado

Imagina un funambulista tropezando a un metro de acabar su recorrido.Una habitación cuyas paredes de cierran sobre sí mismas y alguien gritando en su interior.Una pelota rebotando en el aro con el tiempo cumplido y perdiendo de uno.

Imagina el instante previo a un orgasmo. El último segundo antes de salir despedido por la luna del coche. La milésima que separa una bala de tu cráneo.

Imagina la última bocanada de aire antes de ahogarte. El suspiro que precede a una despedida. Dos manos separándose y un cuerpo cayendo al vacío.

Imagina la fuerza de un abrazo definitivo. Los escombros de un reino reducido a cenizas. La espuma de una ola rompiendo en tu espalda. 

Imagina la concentración de energía previa a una explosión. La cantidad de ira creciente en una discusión. La tensión muscular acumulada antes de lanzar el primer golpe. 

Imagina la primera vez que cruzásteis las pupilas. El primer vuelo sin rumbo y con mas turbulencias que piruetas. El primer plato que rompiste. Las primeras lágrimas con tu nombre.

Imagina la historia de un violinista desafinando en un tejado. El truco fallido de un mago. Un penalti al larguero en el minuto 90. 

Haces sentir algo,
parecido a la poesía.

jueves, 28 de noviembre de 2013

“Sé triste si eso te hace feliz”: Como si conociéramos una alternativa.




“Sé triste si eso te hace feliz” 
 Lara Moreno-Ventas

Como si hubiera alternativa o tuviéramos elección Lara, o alguna vez alcanzamos ese instante, por pequeño que pareciera, en el que pudiéramos elegir no serlo. No necesitamos más análisis que los morfosintácticos para conocer nuestra carencia de endorfinas o la imposibilidad de realizar una sinapsis corporal si no nos han acertado en el centro de la diana. Vivimos una época difícil para los soñadores y sigo esperando que algún día se produzca “a love revolution” y lo celebremos gritando en los balcones te quieros con más energía que pulmones. Que creer en el amor sea el primer paso acabar con la guerra pero. 

La involución actual del ser humano, ¿se considerará una especie de progreso en los futuros libros de historia? 


Te obligan a salir, así que,  cierra tus sueños y apaga las ilusiones, pero no olvides pagar las facturas. Es la sensación 
de:


Estas en una pequeña barca de madera y navegas a solas. El paisaje es oscuro, con niebla de fondo y una acumulación de estrellas que sólo puedes intuir .Es invierno en tu vida, como cada día, y hace frío, así que decides crear una hoguera de recuerdos dañinos y presentes inciertos y quemar en ella los remos para calentarte unos instantes, hacer una combustión de ti y tus circunstancias.


Bienvenido, ahora vas sin rumbo, eres otro animal en medio del océano. El agua empieza a congelarse y tu única alternativa es introducir los brazos en ella para avanzar hacia una tierra que no ves, más rápido. Se te congelan las manos y empiezas a ponerte azul. La sangre solidifica y en el siguiente impulso va a atravesar la aurícula derecha. Venga, adivina tú el fututo.


Soy triste por naturaleza, alcohólico por inercia y aunque sé que no lograré cambiar el mundo, tengo mi lista dorada de personas a las que he cambiado un poco la vida. Y espero que todas ellas lo sepan. Algún día la palabra melancolía formará parte de mi cuerpo y mientras tanto, sonrío a los problemas mientras mi trastorno obsesivo-compulsivo no diagnosticado se revuelca en el lodo y disfruta con ellos.


Pero aun así, hay días que por mucho que llueva, es imposible estar triste.






  







domingo, 17 de noviembre de 2013

Domingo número 177




Es domingo noche.

Otro domingo más, que en los cinco últimos años, sabe demasiado a despedida.
Leí que todas las historias empiezan con alguien marchándose a otro lugar y yo, hace tiempo que sólo quiero irme lejos, si es de tu mano. Es la noche más oscura de la semana y viene acompañada de la nostalgia de noviembre. Aunque no hace frio, es la voracidad del vacío la que me hace temblar ésta noche. Como si no entendiera que caminar de espaldas supone más choques y golpes de los que dejan cicatriz, pero no puedo avanzar sin dejar de mirarte a los ojos. Es domingo y vuelvo a tener miedo, y esto es, lo más sincero que voy a escribirte ésta noche. Créeme si te digo que pasamos una media de 108 horas separados a la semana. Perdón por el dato, pero ya sabes lo que me gustan los números para justificar todo lo que no llego a entender. Estos años he ido acumulando fantasmas y monstruos bajo la cama, como se acumulan las palabras, hasta el punto de ahogarte al no poder tragártelas. Es la sensación de lejanía la que se apodera de todo. Quiero decir, mi incapacidad por estar a tu lado en cinco minutos por si todo se emborrona o tienes que quemar alguna duda. Otra vez el miedo a que, cuando sea viernes, algo en ti haya cambiado, o peor, que sea yo el que vuelva distinto. Ansiedad porque quiera abrazarte mañana y tenga que esperar cinco días para volver a respirarte. O la necesidad de escucharte reír y no poder hacerte cosquillas y tener que hacer un poco el idiota por teléfono para conseguirlo. Ya lo sabes, es todo éste huracán de pesadillas sin ti.

Y lo peor del lunes será el sabor que deja la resaca de domingo, otra vez más.

martes, 5 de noviembre de 2013

Pentagrama siglo XXI



Vivimos en un pentagrama en el que lo importante es
el Yo sostenido.

Donde la música se ha convertido en el ruido de nuestros escombros reventando contra el suelo,
acompañado con una suave melodía de cristal,
que nos hace añicos el futuro.

Y dudamos,
sosteniendo el puñal afilado a base de decepciones en una mano
y cruzando los dedos con la otra,
suplicando que no nos salpique el olor de nuestra propia sangre.

Tenemos las carteras llenas de deudas,
y lo que es aún peor,
las pupilas plagadas de dudas.

Brillamos menos,
porque llamar la atención ha adquirido acepciones
con las que no quisimos jugar.
Y ahora,
nos sumergimos en nuestras profundidades sin preocuparnos por volver a la superficie o a respirar.

Nos empeñamos en echar el ancla para evitar que se hunda el barco,
y ahora que todo comienza a inundarse,
no encontramos ningún capitán a bordo.
O se ha marchado o como todos: nunca ha estado.

Lloramos en silencio,
porque los muros de papel amplifican el sonido con la misma facilidad con la que se derrumban cuando intentas sostenerte.

Nos tragamos los vómitos de palabras que riman con el pozo que tenemos por presente.
Y tocamos fondo sin querer evitar la caída.

¿Y sabéis que?
Aun así, aullamos por la noche a la luna para que quede claro,
que no vamos de corderos
y sobre todos,
que no seremos degollados. 

"Ésta es nuestra música
y no vamos a irnos a tocar 
a ninguna otra parte".

jueves, 10 de octubre de 2013

Borrador para decir: "Lo siento".(o cómo empezar una discursión).

Hola "X":


Te pido perdón por las vueltas de hoja en el mismo libro, porque las páginas también se desgastan. 

Quería decirte que lo siento por la discursión de anoche. Ya conoces mis tontas manías y mi nula capacidad de reacción, cuando no entiendo el fin primero de algunas acciones.


No comprendo que te enfades si es solo una canción.

En serio, que sentido le encuentras a decir eso, si sabes de sobra que es solo una amiga. 

Perdón de nuevo por mi torpeza, pero cuando salgo a bailar me piso mis propios zapatos. Quiero decir, que giro sobre mi mismo una y otra vez, y termino siempre en el mismo punto de referencia. 

No dejes el móvil tan cerca. Por favor, cierra la sesión en facebook. Hay caramelos con envoltorio aleatorio, y prefiero quedarme con hambre a tener que tragarme su amargura. 

A veces creo que estás ciega. Acaso no ves como yo, con otros ojos, pero mirando el mismo escenario, que "Y" se muere por tus huesos y tú no haces nada para evitarlo. 

Perdona, no volveré a hablarte así. Pero sucede que hay demasiados dedos en esas dos manos que tanto ansian bailar por tus poros, las mismas que necesitan sumergirse en los confines de tu alma, para sumar un punto a la lista de princesas a las que lograron derribar.

Lo siento, es el principio de incertidumbre de tus dudas el que me dicta cada palabra. 

Perdón por mi cúmulo de miedos, pero las nuevas paredes de éste cuarto aguardan un armario en el que caben demasiados monstruos. (y no es una metáfora)
 

Y tranquila, no pienso salir volando.